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Vivir y trabajar en la montaña gracias a la digitalización

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Intro

Dos terceras partes de la superficie de Suiza son montañas. La mayoría de las zonas montañosas tienen que luchar contra la despoblación debido a la escasez de puestos de trabajo. ¿Podría la revolución digital ser la salvación? Hemos entrevistado a algunas personas que viven y trabajan en la montaña gracias a las buenas infraestructuras actuales.


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Vacaciones en la cabaña alpina de mi tío en los años 1980.
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Mi familia procede de las montañas suizas, pero me crié en el centro de Zúrich, cerca de la Ópera. Eso suena elegante, ¿no?

Pero la vida en la ciudad de Zúrich en la década de 1980 era poco fascinante. Los padres evitaban los parques y centros de juego infantiles por temor a que sus hijos pisaran una jeringuilla contagiada con el virus VIH.










Vacaciones en la cabaña alpina de mi tío en los años 1980.
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Todas las mañanas mi madre recogía de la escalera exterior de la casa condones usados por prostitutas y utensilios para el consumo de droga, como cucharillas o jeringuillas. El paisaje urbano, tolerante con el consumo de drogas, hizo que Suiza ocupara los titulares internacionales y condujo a que muchas personas huyeran de la ciudad. Todo el que podía se mudaba al campo.

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La autora en la montaña, 1985
La autora en la montaña, 1985
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Las vacaciones que pasaba con mi familia en los Alpes suponían un marcado contraste con la vida de Zúrich. Como, por ejemplo, esta cabaña alpina de los Prealpes de Friburgo, donde mi tío trabajaba de vaquerizo en 1985.

Acampábamos al aire libre, hacíamos pan de cazador, paseábamos por lo más recóndito de las montañas, comíamos queso de los Alpes hecho artesanalmente por nuestros familiares, nos bañábamos en manantiales de agua helada o en lagos de montaña cristalinos, jugábamos al escondite en una aldea medio derruida y libre de automóviles, entre las casas en ruina de Steinhaus. En resumen, la montaña representaba para mí la naturaleza, lo idílico, la vida en colectividad, la libertad.

No obstante, también notaba las desventajas de la vida en la montaña: mientras que yo tenía el instituto casi delante de la puerta de mi casa y podía estudiar, mis primos del Valle de Poschiavo (Grisones) y del Tesino tenían que abandonar muy jóvenes el pueblo y hacer una formación profesional o una carrera en un idioma distinto del materno. Luego, muy pocos volvían.

La autora en la montaña, 1985
La autora en la montaña, 1985
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Hoy día, las ciudades suizas se han hecho más habitables y atractivas para las familias. La droga es apenas visible, los parques y lugares de encuentro están limpios, la calidad de vida es alta y el índice de criminalidad bajo.

Pero cuando la niebla alta convierte el Mittelland (meseta central suiza) en un paisaje agobiante y opresivo durante muchas semanas del largo invierno y me entero de que el pronóstico del tiempo anuncia sol en la montaña, cuando estoy harta de las apreturas en el tranvía o el bus y ya no soporto el ruido del tráfico, entonces se abre paso poco a poco en mi cabeza una pregunta: ¿por qué no vivo en el lugar más hermoso de Suiza, es decir, en los Alpes?

¡Cuántos suizos y suizas sueñan secretamente con vivir en la montaña! Pero es difícil encontrar allí un trabajo adecuado. Las zonas de montaña viven sobre todo de la agricultura y la ganadería, del turismo y de la energía hidroeléctrica, ninguna de las cuales figura entre mis especialidades.

Pero actualmente la digitalización está transformando profundamente nuestro mundo laboral. Gracias a internet, Skype y compañía, se puede ahora trabajar desde cualquier parte del mundo. Hemos hablado con personas que ya hoy están demostrando que es posible vivir y trabajar en la montaña gracias a la digitalización y a las infraestructuras modernas.


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Retratos

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¿El coworking como salvación?

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Las regiones de montaña tienen una gran confianza en la digitalización e intentan utilizar en beneficio propio las nuevas tecnologías, como aplicaciones para turistas, y desarrollo de plataformas digitales y de la red de fibra óptica.
Muchos pueblos de montaña han abierto también espacios de co-working y esperan que lleguen clientes del Unterland. A la cabeza de todas se encuentra la iniciativa regional Mia Engiadina.

¿Es el coworking la salvación para las zonas de montaña? Nuestro videoperiodista y yo decidimos probar y visitamos el espacio de coworking (cotrabajo) de Mia Engiadina en Scuol.

En su página web Mia Engiadina ofrece un paquete: a partir de 60 francos dispones de una noche de hotel, una entrada al espacio de coworking y un aperitivo con especialidades locales. Suena atractivo. Hago click en la oferta.

Inmediatamente recibo un mail en el que se me asegura que pronto recibiré nuevas indicaciones.

Efectivamente, unos días más tarde recibo otro correo. “Hemos tratado de encontrarle un alojamiento adecuado. Pero como la fecha que nos ha propuesto cae en temporada baja, es algo más difícil. Una opción es el hotel Gabriel en Scuol, pero tiene un precio superior a la preferencia que usted nos ha indicado”.

Eso supone que tendríamos que gastar 140 francos por noche, lo cual excede el presupuesto de gastos de la dieta de swissinfo.ch.

El empleado de Mia Engiadina nos recomienda amablemente: “Lo más fácil en esta época es buscar un apartamento de vacaciones a través de AirBnb, y termina con un “Cordials salüds da Scuol” (es decir, “saludos cordiales desde Scuol”, en romanche, cuarta lengua nacional de Suiza).

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Finalmente, reservamos un hotel por 80 francos y tomamos el trenecillo rojo del Ferrocarril Rético, en dirección a las montañas. La admisión al espacio de coworking cuesta 20 francos al día y persona. Están incluidos el café y el agua.

Entramos. Huele intensamente a madera. Las habitaciones están amuebladas de manera elegante, decoradas con cojines a cuadros rojos, pieles y velas. Debería ser obvio a primera vista que se trata de un espacio de coworking en la Engadina. Cuenta con una sala de reuniones, una cabina de teléfono y una mecedora.


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Sin embargo, todo eso resulta un poco llamativo aquí arriba. El ambiente me recuerda a mis tiempos de estudiante, cuando acudía a la biblioteca.

Hay varias personas trabajando en las mesas y antes de comer habrá dos reuniones. Tenemos la impresión de que Mia Engiadina ha llamado a todo su personal para trabajar en el espacio de coworking este día. Para que no tuviéramos la sensación de que no se aprecia el coworking en la montaña.

Algunos hombres en edad de estar jubilados, equipados con portátiles, son probablemente verdaderos invitados. Escucho una conversación telefónica. Estaré dos semanas de vacaciones, dice el hombre al teléfono, y deja temporalmente el negocio en manos de sus empleados.



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Debido a la falta de espacio, el coworking se trasladará próximamente a una nueva ubicación. “Estamos positivamente sorprendidos por el interés que ha despertado”, asegura Chasper Cadonau, responsable del espacio de coworking en Mia Engiadina.

La clientela del coworking son los turistas, los propietarios de una segunda vivienda y algunas empresas que envían a la montaña a grupos enteros de empleados para trabajar en distintos proyectos. “Para estos últimos existen paquetes que incluyen caminatas guiadas, degustaciones y similares”.


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El propio Chasper Cadonau es un arquitecto retornado y nos cuenta también su historia.

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Como resultado de nuestro experimento concluimos que el espacio de coworking Mountain es algo realmente especial. Para nosotros fue una experiencia productiva. Nos gustaría trabajar así siempre: en silencio y viendo las laderas de las montañas.

Sin embargo, no volveremos tan pronto. Tenemos trabajo y familia en el “Unterland”, como llaman los habitantes de la montaña a las llanuras suizas. No podremos salir de la oficina durante algunas semanas. A muchas otras suizas y suizos les pasa lo mismo que a nosotros.

Por ese motivo, el coworking solo podrá revitalizar las zonas de montaña cuando se produzca en Suiza un cambio profundo en el ámbito laboral y cuando trabajar con independencia de donde te encuentres sea la regla y no la excepción.






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Conclusión

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Vivir en las montañas suizas tiene muchas ventajas: naturaleza virgen, mucho sol, alta calidad de vida, atractivas ofertas de ocio y un coste de vida más bajo.

Sin embargo, la mayoría de la población suiza se amontona en los centros urbanos del Mittelland (meseta central). Después de que en la década de 1990 se produjera una tendencia a abandonar las ciudades, hoy se habla de despoblamiento de las zonas rurales y de las montañas.

El efecto magnético de las ciudades se explica por la oferta de puestos de trabajo. Sin embargo, la digitalización ofrece la oportunidad de trabajar con independencia de donde se encuentre uno.

Suiza ofrece condiciones ideales: las distancias a los centros urbanos son cortas y el desarrollo de las infraestructuras en las montañas es también excelente, ya se trate de ferrocarriles, carreteras, banda ancha, 4G o, más recientemente, 5G. Nuestras entrevistas demuestran que, dependiendo de la profesión, ya es posible trabajar en regiones de montaña.

¿Hago las maletas ya y me mudo a los Alpes?

No es tan fácil. Expertos, políticos y científicos han asegurado numerosas veces que el mundo laboral aún no está preparado.

“En Suiza estamos todavía en pañales en la cuestión del teletrabajo. Todo el mundo habla de ello pero hay pocas personas que lo practiquen”, afirma el diputado federal Martin Candinas, defensor convencido de las zonas de montaña.

Lorenz Ramseyer, de la asociación digitalenomade.ch, afirma que, en comparación con las extranjeras, las empresas suizas son bastante cautelosas en el tema del teletrabajo: “Tenemos la impresión de que, en nuestra cultura presencial, es bastante grande el temor de muchas compañías. Especialmente si se trata de puestos remotos al 100%.”

Otro freno es una peculiaridad helvética, que ciertamente me molesta, y de la que yo misma no estoy libre: el escepticismo para con lo nuevo. En lugar de asumir el riesgo, preferimos esperar y ver si el trabajo remoto mediante la digitalización da buen resultado en otros lugares, y luego seguir su ejemplo.

En Suiza es fácil detectar esa desconfianza hacia lo nuevo. Por ejemplo, con la tecnología 5G las aldeas más remotas pueden tener acceso a internet sin necesidad de tender cables costosos. Sin embargo, en Suiza esta nueva tecnología tropieza con una fuerte oposición.
Existe, por lo tanto, el peligro de que Suiza –y no solo colectivamente sino también a escala individual– deje pasar la oportunidad de la digitalización y, con ello, pierda la posibilidad de actuar contra el despoblamiento de las zonas de montaña.










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Sie haben es gewagt

El realizador de documentales Reto Caduff y la periodista Simone Ott vivieron durante casi 20 años en la metrópoli californiana. Después se mudaron a un pueblo de apenas 500 almas en el Glarnerland (cantón de Glaris).

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Filzbach es un caserío que se encuentra en una alta meseta sobre el Lago Walen. A la entrada del pueblo, al borde de la meseta, se encuentra una casa enorme. La vista del lago es espectacular. Aquí viven Simone Ott y Reto Caduff.

La pareja vivió en EE.UU. durante casi 20 años. Reto primero en Nueva York y luego, ya con Simone, en Los Ángeles. En Suiza, Reto Caduff y Simone Ott buscaron una segunda residencia para pasar en ella algunos días y encontraron esta casa, que originalmente fue un taller construido en la década de 1910 por un artista. Por el precio que pagaron por esta casa aquí no hubieran encontrado en Zúrich ni un apartamento de 3 habitaciones.

La casa les gustó tanto que decidieron volver definitivamente a Suiza.


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La casa de Reto Caduff y Simone Ott fue un taller mandado construir por un artista en la década de 1910.
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La digitalización jugó un papel importante en su decisión ya que les permite trabajar independientemente de donde se encuentren. Simone Ott se dedica al marketing online desde su casa. Reto Caduff es documentalista y dirige una editorial de fotolibros.

“Trabajo con herramientas modernas como Skype, WhatsApp o Vimeo, de modo que puedo tratar y discutir cosas con otras personas”, dice Caduff. “Renuncié a mi oficina en Zúrich y ahora trabajo desde aquí”. De vez en cuando acude a la ciudad para mantener una reunión. Tarda aproximadamente una hora y diez minutos. “Bromeamos siempre con que tardamos menos de aquí a Zúrich que en llegar a la playa cuando vivíamos en Los Ángeles”.

La mayor parte de su trabajo Caduff lo realiza en casa. A veces, los empleados vienen a verle a Filzbach. “Cuando se trata de filmar tienes que ir al lugar, pero puedes hacer bien el trabajo preparatorio aquí arriba. Hemos editado y cortado películas aquí y también hemos colocado fotos en el salón para la edición de algún libro. Es agradable trabajar sin ajetreo y estás más concentrado que en la ciudad, donde tienes que salir corriendo a media mañana para ver a alguien y de repente son ya las dos y media”, dice Caduff riendo.



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A nivel privado la digitalización también ha hecho que las cosas sean más sencillas. “Las redes sociales y Skype hacen que sea más fácil mantener el contacto con nuestros amigos de Estados Unidos”, dice Ott.

Con el iPad leen el New Yorker y otros medios internacionales. “Además de los medios, para mí es importante disponer de la opción de comprar online”, afirma Ott. “Así puedo adquirir cosas de Nueva York, Tokio, Los Ángeles, Londres, París, Berlín, etc. En otras palabras, traigo el gran mundo a las montañas”.


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Simone Ott nos sirve unos vasos de agua –agua que fluye desde el manantial directamente a los grifos de la casa. Al terminar la entrevista sale a dar un paseo con su perro. La vida en la montaña ofrece muchas ventajas. ¿Por qué no hay más suizos y suizas que quieran mudarse a las montañas?  

“En Suiza hay un extraordinario apego al territorio”, asegura Caduff. “Uno se queda en el lugar donde creció o se muda a Berna, Basilea o Zúrich.” La movilidad que hay en Estados Unidos no se da en Suiza; los suizos prefieren ir y venir del lugar de trabajo a casa. “No sé si nos hubiéramos mudado aquí de no haber vivido en Estados Unidos. Miras a Suiza de otra manera y ves las ventajas de vivir en la montaña, en un paisaje intacto, lejos de la urbanización descontrolada de la planicie”.
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Como muchos otros romanches, el meteorólogo Jan Sedlacek estudió en el Unterland, que es como los habitantes de estas montañas llaman a las llanuras de las tierras bajas. Luego trabajó varios años en Canadá y posteriormente en Zúrich y fundó una familia. Hoy dirige desde la Engadina una empresa que emplea a diez trabajadores en Zúrich.
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Christina Sedlacek pone sobre la mesa queso, pan, salchichas, hortalizas frescas y melón. Sus hijos, de 8, 10 y 12 años, vienen a mediodía a almorzar a casa, al igual que su padre Jan Sedlacek, a quien le cuesta poco más de un minuto llegar desde su trabajo. Comparte con su padre una oficina en la casa paterna, visible desde su vivienda.  

Eso es extraordinario. “La mayor parte de las personas que se mudan tienen que ir y volver de casa a sus lugares de trabajo. Y solo 4 o 5 antiguos compañeros de mi clase de colegio han regresado a la Engadina”, afirma Sedlacek.  

Jan y Christina Sedlacek trabajaron como investigadores en Canadá durante algunos años y luego se trasladaron con sus hijos al cantón de Zúrich. El regreso no fue fácil: “Los inviernos en Zúrich son difíciles de soportar, hay menos luz, más niebla”, dice Christina. En Engadina hace mucho más frío en invierno, pero también hace más sol.  

Quedarse en Zúrich hubiera sido más fácil desde un punto de vista económico y de organización. Pero la familia Sedlacek quería regresar a Engadina y se preguntaron dónde podían vivir.

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Jan fundó con un amigo de Zúrich una empresa que se dedica a analizar y procesar grandes cantidades de datos para el sector de las telecomunicaciones.
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Los diez empleados de la empresa trabajan en Zúrich, Sedlacek en Sent. Normalmente va a Zúrich una vez por semana o cada dos semanas para mantener reuniones presenciales. El resto las hace por Skype.  

En Engadina las infraestructuras son buenas. Ni siquiera necesitan un coche. En Sent hay varias tiendas de comestibles y se tarda 15 minutos en autobús para llegar a Scuol, la principal localidad de la región. Solo falta una cosa: “Sería genial tener internet de fibra óptica”, asegura Jan.   

Mediante el análisis de datos, mediciones y pronósticos, Jan calcula para sus clientes internacionales qué dispositivos podrían dar problemas. Su empresa está tan especializada que a pesar del alto nivel salarial de Suiza es competitiva a escala mundial. Desde el año en que se fundó la empresa (2016) los balances han sido siempre positivos.  

Al poco de llegar, Christina encontró trabajo como profesora de biología en la Academia Engiadina de Samedan. “Aquí arriba apenas hay familias en las que la mujer no trabaje”, dice Jan. “La gente trabaja mucho, pero no hay estrés”.

En Suiza se trabaja más que en Canadá y en Zúrich uno se define por su relación con el trabajo. “Aquí arriba todo es mucho más relajado que en el Unterland”, afirma Sedlacek. “Es casi como en Canadá”.


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Jan Sedlacek: “El pueblo es como un gran parque de juegos infantil. Puedes estar seguro de que alguien está vigilando a los niños”.


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En Sent es posible ir a esquiar a mediodía y por la tarde seguir trabajando. La familia Sedlacek puede llegar hasta la puerta de su casa con los esquís puestos.

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Andrea Koch ist leidenschaftliche Bergsteigerin und Skitourenfahrerin. Dank eines Tunnels kann sie in den Walliser Bergen wohnen und für die Arbeit nach Bern pendeln. Ausschlaggebend für den Umzug war allerdings etwas anderes.
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Andrea Koch und ihr Lebenspartner sind wegen ihrer Liebe zu den Bergen und der Freizeitmöglichkeiten ins Wallis gezogen. Ihre Hobbies sind Skitouren, Wandern und Bergsteigen. Früher mussten sie mit Auto oder öffentlichen Verkehrsmitteln in die Berge fahren. "Heute gehe ich direkt von zu Hause in alle Richtungen wandern, Schneeschuhlaufen oder Skitourenfahren am Hausberg."

Dank des Lötschberg-Basistunnels, der seit 2007 die Reise vom Wallis nach Bern deutlich verkürzt, kann Andrea Koch von den Bergen in die Stadt pendeln. Dort arbeitet sie als Agrarwirtschaftliche Mitarbeiterin bei der Schweizerischen Arbeitsgemeinschaft für Berggebiete (SAB).

Doch das sind nur die notwendigen Voraussetzungen. Den Ausschlag zum Umzug gab etwas anderes: "Wir haben zufälligerweise eine günstige Wohnung ausgeschrieben gesehen", erzählt Koch. "Wir wären nicht auf diese Idee gekommen, wenn nicht ein Immobilienmakler sehr gekonnt auf verschiedenen digitalen Kanälen kommuniziert hätte, denn wir waren eigentlich nicht auf Wohnungssuche."
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Ohne Digitalisierung hätten sie sich den Umzug nicht vorstellen können. Den eineinhalbstündigen Arbeitsweg nimmt Koch nur auf sich, weil sie im Zug Mails bearbeiten, Tourenplanungen fürs Wochenende machen und andere zeitintensive Aktivitäten am Laptop machen kann.

Die Digitalisierung hat die Integration im Bergdorf erleichtert. Es gibt zum Beispiel verschiedene von  Dorfvereinen gestellte Whatsapp-Gruppen, mit der die Bergbewohner Informationen austauschen, Dorf-Feste und Freiwilligenarbeit organisieren. "Die Hürde, etwas über Whatsapp zu schreiben ist kleiner, es fliessen mehr Informationen, als wenn alles per Post oder Telefon funktionieren würde", sagt Koch.

Als Neuzuzüger informieren sie sich häufig auf der Website der Gemeinde und in den Sozialen Netzwerken. "Dort erfahren wir und die Dorfbewohner etwas voneinander, was man sonst nicht erfahren hätte, das schafft Vertrauen."

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Per Whatsapp organisieren sich Nachbarn zum gemeinsamen Pflügen der Gärten.

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Martin Hoch, periodista especializado en viajes, y su mujer Sara son de Basilea. Durante ocho años viajaron alrededor del mundo. Luego regresaron a Suiza. Se preguntaron: “¿Dónde vamos a estar mejor?” Y se trasladaron a Surselva, en el cantón de Grisones.
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El periodista y bloguero, que tiene 38 años, ha abierto un negocio. Dirige una galería en Flims.

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Martin y Sara Hoch han visto mucho mundo: durante ocho años fueron de sitio en sitio, trabajaron como instructores de buceo, rehabilitaron una casa de huéspedes, han dormido en un velero o en un bus VW reconvertido. De vez en cuando regresaban a Suiza unos meses para ganar algo de dinero trabajando en Roche o Novartis. Luego volvían a sentir el gusanillo y se ponían otra vez en marcha.

En los países en los que vivieron se dieron cuenta de que los lugareños no solían habitar en los lugares más hermosos de su tierra. En lugar de vivir junto al mar o en una pintoresca colina, vivían en suburbios grises o zonas industriales contaminadas. “En gran parte, porque no tienen otra opción”, asegura Hoch. Pero como suizos –se dijeron a sí mismos– sí tenemos esa posibilidad.



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Cuando volvieron a Suiza se preguntaron: ¿Dónde vamos a vivir? ¿Dónde se encuentra el lugar más hermoso de Suiza?

Y se dijeron: ¡En las montañas!

Pero inmediatamente surgió una pregunta: ¿De qué vamos a vivir?


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Martin Hoch montó su propio negocio con un blog de viajes. Como no era suficiente, se dedica a escribir sobre temas de viajes para distintos medios como periodista independiente.

En esos reportajes es frecuente que cuente con un fotógrafo amigo, Nico Schaerer, al que conoció durante un viaje por Sudamérica. Juntos descubrieron un nicho de mercado, y ahora ofrecen las mejores fotografías de sus viajes en impresiones artísticas de gran formato a través de una galería online y dos tiendas en Zúrich y Flims.

Martin y Nico emplean diferentes materiales: por ejemplo, imprimen las fotografías en papel de algodón de una calidad apta para museo o en vidrio acrílico. Esas enormes imágenes –la mayor hasta la fecha es de 14 metros– se venden a clientes privados o a empresas.

La galería es todo un éxito. En la actualidad Martin Hoch recibe numerosos pedidos. Su mujer, Sara, quería al principio trabajar por cuenta propia como programadora y diseñadora de webs, pero luego cambió su dedicación profesional al sector turístico y próximamente empezará a estudiar ingeniería ambiental.

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Ya sea en coche o en transporte público, el trayecto desde Flims a Zúrich dura menos de dos horas.
Ya sea en coche o en transporte público, el trayecto desde Flims a Zúrich dura menos de dos horas.
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Esta forma freelance de vivir en la montaña es posible gracias a la digitalización. “Desde aquí puedo producir y enviar mis productos a cualquier lugar del mundo”, asegura Hoch. Ya se trate de artículos, de imágenes o de la creación de alguna edición concreta, en calidad de redactor jefe, de la revista de cultura de viajes Transhelvetica.

Comparado con Basilea, donde vivieron anteriormente Martin y Sara, el coste de la vida en Laax es más barato. “Pagamos muchos menos impuestos y las primas del seguro médico son más bajas”, afirma Hoch. También se consume menos aquí en la montaña porque no tienes necesidad de estar comprando permanentemente algo como en la ciudad o de salir a tomar café.

Como Laax es un destino turístico los alquileres no son baratos. La pareja ha resuelto el problema adquiriendo una vivienda en propiedad, lo cual, con las bajas tasas hipotecarias de la actualidad, reduce aún más el coste de la vida.

“Al principio solo obteníamos la mitad de lo que ganábamos en Basilea y, a pesar de eso, después de deducir los gastos, nos quedaba prácticamente lo mismo”, señala Hoch.

A la pregunta de qué es lo que se necesita para trabajar en la montaña Hoch responde: “Una mezcla de posibilidades tecnológicas y de socios dispuestos a trabajar conjuntamente de una manera moderna e independiente de la ubicación”. A muchos empresarios suizos les falta cierta amplitud de mente. “Es así de sencillo, a menudo todo lo que necesitas es un teléfono y un correo electrónico”.

En Suiza es fácil llegar a cualquier sitio. Las distancias a las grandes ciudades son cortas. “Se llega rápido a Zúrich”. Apenas son dos horas de coche. Cuando Martin Hoch habla con sus amigos del Unterland escucha a menudo sus preocupaciones. Y él piensa: “Tendrías que preguntarte qué es lo más importante para ti: ¿el trabajo perfecto o un entorno en el que te sientas cómodo?”

Martin y Sara han encontrado su respuesta: “La calidad de vida es tremendamente alta aquí en la montaña”, dice Martin. “En estos momentos no me iría de aquí.”
Ya sea en coche o en transporte público, el trayecto desde Flims a Zúrich dura menos de dos horas.
Ya sea en coche o en transporte público, el trayecto desde Flims a Zúrich dura menos de dos horas.
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“Cada día salgo a pasear con mi perro dos o tres horas y utilizo los ferrocarriles de montaña y las rutas de senderismo.” A Martin Hoch le gusta también utilizar de vez en cuando las ofertas wellness de los hoteles de cinco estrellas.
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“Los lugareños son superamables, aunque no tenemos demasiado contacto con ellos. Llevamos una especie de vida de expatriados en nuestro propio país. Una buena parte de mi entorno procede de Basilea, Zúrich o del extranjero”.
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Sandra Schneider, originaria de Basilea-Campiña, pasó en 1973 unos días de vacaciones en Ernen, cantón de Valais, con sus padres. Después, cuando se hizo mayor, regresó y se compró una vivienda. En 2017 fundó en Ernen una empresa que se dedica a asistir fiscalmente a las empresas internacionales en sus sistemas de procesamiento electrónico de datos.
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Nos reunimos con Sandra Schneider un soleado día de primavera. Los cerezos comienzan a florecer y una leve brisa se alza sobre los prados llenos de flores que rodean Ernen.

Salimos del pueblo hacia la colina de la Horca, que debe su nombre a que era el lugar de ejecución y en el que en 1764 se llevó a cabo la última sentencia de muerte.
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En Ernen la horca es visible desde lejos. Se trata de la única horca que queda en Suiza y de la que sobreviven los tres pilares originales, aunque falta el entramado de madera que los unía. Un recorrido por el pueblo con Sandra Schneider.

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Sandra Schneider sabe que cerca de la horca crece el tomillo. En primavera lo recolecta, seca y lo emplea para sazonar la carne. El fin de semana asiste a un curso sobre hierbas. Quiere recoger hierbas y utilizarlas en la cocina. Por ejemplo, la hierba “el buen Enrique”, conocida también como el “espárrago de los pobres”, se puede mezclar en la masa del pan para hacer el “pan de hierbas alpinas”. “Algo que solo puedes hacer aquí, en la montaña”, dice entusiasmada.

Sandra también disfruta de otras actividades de ocio alpinas, como esquí de fondo, esquí y senderismo. Como trabajadora por cuenta propia tiene la posibilidad de trabajar los domingos y esquiar entre semana, cuando hay menos gente en las pistas.


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En Ernen la vida es tranquila. Solo se oye el sonido de los cencerros, los grillos y el chapoteo de la fuente.

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Sandra Schneider y su pareja se han comprado un chalé en Ernen. Como él ya está jubilado, pueden pasar varias semanas en la montaña. Sandra Schneider ha fundado aquí su empresa, que se dedica a asesorar a otras compañías sobre transacciones internacionales relacionadas con el IVA. Tener la sede en Ernen es más atractivo, desde el punto de vista de los impuestos, que tenerla en Basilea-Campiña. Además, en Ernen todo es mucho menos complicado y más práctico, asegura Schneider.

Recibe muchos encargos. En su mayoría, personas que Schneider conocía de su carrera anterior como consultora de una gran firma de auditoría y de otras grandes empresas. “En Suiza a la gente le gusta trabajar con personas que ya conocen y en las que confían”, asegura.

La especialización absoluta ha demostrado ser un trampolín para ella. Las empresas prefieren externalizar tareas en lugar de especializar a alguien dentro de la empresa. Según Schneider, se tienen más posibilidades si se adquiere un conocimiento profundo del funcionamiento de lo local y se especializa uno en ello. Porque la digitalización trae también consigo que una mujer india o de Singapur pueda hacer el mismo trabajo.

Combinar los desplazamientos al lugar de trabajo con el teletrabajo es un modelo de futuro y ofrece la oportunidad de poder irse a vivir a la montaña, cree Schneider. Dichos puestos de trabajo, en su opinión, serán los que predominen en el mercado laboral suizo en un futuro a largo plazo.

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