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Soledad en Suiza

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Todo el mundo cree que Suiza es una isla de felicidad. Sin embargo, la soledad campa a sus anchas en este país. En Suiza, una de cada tres personas se siente sola alguna vez o con frecuencia. ¿Cómo vivimos con esa sensación? ¿Cuáles son los motivos? Un análisis de sus síntomas.

 Por Anna Miller

Traducción del alemán: José M. Wolff
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En Suiza, una de cada tres personas se siente sola.

Casi la mitad de los jóvenes entre 15 y 24 años que viven en Suiza se sienten solos alguna vez o casi siempre. Una tendencia que aumenta constantemente desde 2002.

Entre los extranjeros y los suizos nacidos en el extranjero la tendencia es más marcada, así como entre las mujeres.
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La soledad, o así parece, ya no es un estado de ánimo personal y particular, sino que se ha convertido en un tópico para describir una situación de emergencia social.

En el Reino Unido tiene ya estatus de epidemia. En ese país hay más de nueve millones de personas afectadas, un 13% de la población. Por ese motivo, Londres ha creado un ministerio para la soledad, los políticos han incluido el tema en sus agendas y la Organización Nacional de Salud ha elaborado carteles publicitarios anunciando psicoterapia online para aquellas personas que quieran hablar de ello.

Iniciativas como la “Loneliness Lab” de Londres (Laboratorio de la soledad) han empezado a hacer una labor divulgativa e invierten tiempo y dinero en la creación de zonas de reunión y de otras posibilidades de participación social.

Una carrera contra el tiempo, porque la soledad continúa creciendo.

En la página web del ministerio se puede leer que la soledad está en camino de convertirse “en la enfermedad más peligrosa del Reino Unido”.
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En el tema de la soledad la ciencia distingue el sentimiento subjetivo de estar solo del aislamiento social real.

Una cosa puede ser tan grave como la otra. Sin embargo, la soledad, como a menudo se formula, es, en primer lugar y dicho de manera sencilla, una cuestión individual.

El aislamiento social tiene lugar cuando una persona está realmente aislada de la sociedad, es decir, vive sola, apenas tiene contacto social y corre el riesgo de no volver a tenerlo nunca más, como por ejemplo en el caso de la vejez.

Pero el asunto es más complicado, ya que el sentimiento de soledad es mucho más frecuente en los países industrializados, entre los que se encuentra también Suiza.
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En Suiza la soledad se alimenta de varios factores sociales, incluido el creciente número de personas que viven solas.

Cerca de 1,3 millones de hombres y mujeres viven en este país en hogares unipersonales, y la cifra sigue creciendo.

Las separaciones y divorcios son muy comunes. Los suizos y suizas tienen un promedio de 1,5 hijos.

Mientras continúe esta tendencia demográfica, el fenómeno de la soledad se irá intensificando, asegura Karin Frick, futuróloga del Gottlieb Duttweiler Institut (GDI).
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“Todas estas circunstancias implican que hoy día el individuo tiene que esforzarse en activar sus contactos sociales”, afirma Karin Frick.

No es difícil que las personas propensas a la soledad pasen desapercibidas y puedan escapar al contacto social de manera aún más solitaria. Acaban cayendo en un círculo vicioso del que difícilmente pueden salir por falta de control social, sobre todo en las zonas urbanas.

Además de algunos momentos concretos de la vida, como el caso de un fallecimiento, una separación o una despedida, las personas son más propensas al sentimiento de soledad en ciertas fases de su vida.

En la juventud, cuando el grupo de amigos tiene gran importancia y uno quiere pertenecer a él, y en la vejez.

Un estudio general de la BBC con 55 000 participantes confirmó que cuando más solas se sienten las personas en todo el mundo es entre los 16 y los 24 años. Según los expertos, la utilización de las redes sociales no es la razón principal de esa sensación de soledad. Más bien tiene que ver con el alejamiento y salida del hogar y con centrar toda la atención en la entrada al mundo profesional y en atender la vida social.

Por otro lado, en la vejez tiene lugar la transición del control primario al secundario, lo que significa más concretamente que una persona mayor está mucho más expuesta a su entorno, pierde a las personas de su círculo más íntimo, tiene menos movilidad, etcétera. Se necesitan estructuras apropiadas y la voluntad del individuo para mantenerse en contacto.

Mientras que, actualmente, la soledad juvenil apenas es objeto de debate en Suiza, las organizaciones de personas mayores trabajan a todo trapo para cambiar el discurso público.

La fundación “ProSenectute beider Basel” (ProSenectute de las dos Basilea) ha lanzado el programa “Gemeinsam statt einsam” (Juntos en lugar de solos); y hace unos meses se lanzaron dos iniciativas populares que, entre otras cosas, pretenden abordar la discriminación por la edad y la soledad en la vejez. Además, hay estudios que demuestran que la soledad puede aumentar el riesgo de demencia.
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“El aumento de la individualización, combinado con las nuevas posibilidades que ofrece el mundo digital, nos lleva a que hoy día uno pueda fácilmente sobrevivir solo”, asegura Karin Frick, del Gottlieb Duttweiler Institut.

Podemos pedir que nos traigan la comida o la ropa a casa, teletrabajar, e incluso podemos hacer amistades o cuidar nuestras relaciones sociales online.

Pero por mucho que la digitalización nos facilite mantener nuestra relación con otras personas, el contacto virtual puede resultar muy engañoso si nos lleva a descuidar el contacto real en nuestro propio entorno vital.

Utilizada en exceso, la relación virtual puede hacernos sentir cada vez más solos en nuestra propia vida.
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En Suiza sentirse solo es un estigma. Las personas afectadas creen que son las únicas que padecen ese sentimiento.

Las redes sociales, que solo se centran en los buenos momentos y las imágenes felices, se vuelven contraproducentes, porque transmiten a la persona que las utiliza un sentimiento de inferioridad.
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Hasta hace poco, Franco Baumgartner era director gerente del servicio de asesoramiento Dargebotene Hand (La mano tendida).

En sus diez años como consultor telefónico ha mantenido más de 6 000 conversaciones y afirma que el 10% de las llamadas telefónicas abordan explícitamente el tema de la soledad, aunque la soledad está también implícita en otras muchas llamadas.

Muchos de los que recurren a la oferta telefónica de Dargebotene Hand son personas que o bien padecen un aislamiento social crónico, ya sea por enfermedad, desempleo o un golpe de mala suerte,

o bien se encuentran en una situación de necesidad aguda.

“El sentimiento de soledad no es malo en sí mismo”, afirma Baumgartner. Si una persona que se considere básicamente estable en su vida sufriera de repente una grave pérdida como la muerte de su pareja o el despido en su trabajo sería normal que atravesara una experiencia de soledad y aislamiento.
“Se convierte en un problema cuando el sentimiento de soledad persiste, se hace casi crónico y la persona ya no puede evadirse de él. Entonces surge una espiral y la persona se va retrayendo socialmente cada vez más por miedo al rechazo”, asegura Baumgartner.

“Es entonces cuando la vergüenza y la soledad forman un círculo vicioso”.
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A largo plazo, la economía tiene interés en reducir el sentimiento de soledad de los trabajadores, porque en caso contrario estos se quedarían enfermos en la cama y supondrían un grave gasto. Sin embargo, en el momento actual la economía sigue aprovechándose de una sociedad que se mueve cada vez con mayor libertad e independencia.

“Vivimos en una sociedad competitiva en la que se ha idealizado la disponibilidad del trabajador”, afirma Kerin Frick, del GDI. El candidato perfecto para un puesto de trabajo sería el que no empleara energía alguna para sus relaciones sociales”.

Es decir, la economía desea a un individuo sin familia, sin círculo de amistades, sin arraigo social. Porque esa persona está más dispuesta a darlo todo por su trabajo. Resulta obvio que a largo plazo ese tipo de vida te hace caer enfermo.
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No tener ataduras significa compromiso total. Muchas empresas se benefician de esta ecuación cuando traen a Suiza trabajadores extranjeros. Para los expatriados la vida en el extranjero está frecuentemente asociada a más comodidades, pero también a muchas renuncias.

Cerca del 20% de la población que vive en Suiza es de origen extranjero.

La mayoría de los expatriados trabajan mucho, se mueven profesionalmente en un entorno internacional, por lo que a menudo lo más sencillo es seguir juntos. Pero cuando los compañeros y compañeras siguen su camino las relaciones importantes se rompen.

Y poder mantenerse en contacto virtual con la familia y las amistades más íntimas a pesar de estar a miles de kilómetros de distancia, casi como si los amigos estuvieran a la vuelta de la esquina, hace que no se sienta uno obligado a integrarse en el nuevo lugar de destino, dice Frick. “Te quedas en tu propia burbuja, principalmente porque te sientes virtualmente integrado”.
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Klaus Bader, psicólogo experto en terapias de conducta ambulantes de la Universitäre Psychiatrische Kliniken Basel (Clínica psiquiátrica universitaria Basel) afirma que ha disminuido la tolerancia a la frustración con respecto al sentimiento de soledad. “La sociedad actual es cada vez menos capaz de lidiar con el hecho de que los sentimientos negativos de la vida forman parte de ella, y puede ser saludable cederles un cierto espacio”, afirma Bader.
La gente sufre una enorme presión para vivir tan felizmente como les sea posible y mostrarlo en consecuencia. “Los hombres somos animales de rebaño. Si observo que a mi alrededor todos parecen felices y bien relacionados y yo me veo solo en el sofá, automáticamente pienso que algo está funcionando mal en mi caso”, señala Bader.
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En la actualidad hay diferentes actores que se dedican al tema de la soledad y el aislamiento social. En primer lugar, están las asociaciones privadas e instituciones pequeñas, como por ejemplo la start-up de Zúrich “Rent a rentner” (Alquilar un jubilado), que desde hace ya algunos años pretende hacer escuela con la idea de que las personas mayores se pueden ocupar de los trabajos más fáciles y con mayor sentido comunitario.

Proyectos multigeneracionales, comunidades de vecinos de jubilados e iniciativas políticas hacen hincapié en el tema de la soledad en la vejez. El Zuhörbänkli (banquito para escuchar) que hay detrás del ayuntamiento de Thun ofrece un espacio para contar historias. Hay ciudades que han puesto en circulación manuales contra el aislamiento social.

En el plano político, está pendiente un postulado en el Consejo Nacional (cámara baja del Parlamento suizo). Se pedirá al Consejo Federal (gobierno) que explique cómo está en Suiza la situación con respecto a la soledad no deseada en nuestra sociedad y qué estrategias y medidas se pueden emplear a nivel político para combatir el aislamiento social y la soledad.

Karin Frick, del GDI, asegura que esta cuestión se acentuará en el futuro. Está convencida de que “la comunidad será un factor en la prevención de la salud”. En cualquier caso, en el Reino Unido ya se prescribe la comunidad como receta médica.
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  • Hable de la soledad que siente. Ábrase a sus amigos y familia 
  • Entable nuevos contactos con gente de su entorno, como por ejemplo con sus vecinos 
  •  Inicie una conversación con gente en una cafetería o un evento 
  •  Aproveche las redes sociales para encontrar asociaciones y grupos cerca de su domicilio   
  • Busque la ayuda de un terapeuta o un grupo de autoayuda 
  • Participe en actividades benévolas en favor de personas necesitadas 
  • Reflexione sobre sus sentimientos y su soledad – puede aprender a integrarlas y a crecer con ellas 
  • Disfrute de los momentos en soledad, reorganice su vida
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